martes, 5 de febrero de 2013

20120510 Sí

Sí.

De haber tenido otra maduración hubiera terminado siendo partícipe de las comunas que conocí en Alemania que ya a finales de los 80′ tenían los ojos puestos en Marinaleda como el centro del universo de la colectividad. Trabajábamos de dos a cuatro horas diarias. Mi trabajo, arreglar bicicletas, no pasaba nunca de dos horas. Eso me daba derecho a comida, alojamiento, y a todo lo que alguien sin pretensiones de enriquecerse tuviera a sobra para sentirse realizado. El resto de las 22 horas al día lo tenía para relacionarme, hacer música, o lo que se me ocurriera. Éramos unas 80 personas en total, viviendo una vida que yo ni imaginaba por entonces, pero con la que he soñando toda mi vida si retomo mis recuerdos.

Padres de familia, protectores, avalistas, mecenas. Todo eso está muy bien, lo que pasa es que en una sociedad justa no es necesario. Una amiga me cuenta entusiasmada, viene de las cooperativas que se están creando por Cataluña. Ha pasado por Marinaleda este año y por las cooperativas de Extremadura que fuera de la ley y patentes están construyendo coches que van con agua y motores de movimiento continuo que producen energía ilimitada y libre de consumo y contaminación. El mundo se está transformando. ¿Estamos asistiendo a un renacimiento, mientras los políticos pierden su tiempo diseñando guerras globales y ataques extraterrestres? ¿Este mundo nuevo es sólo una mera ilusión que será abortada en el futuro o en cuanto se haga este estilo de vida más popular? ¿Estará al alcance de toda la humanidad o quedará relegado a un puñado de visionarios?

Lo que sí tengo claro es que para vivir y ser feliz y realizarse no hace falta mucho. Cualquier persona puede vivir sin necesidad más que de dedicarle el tiempo que quiera a lo que quiera, Hacer música, cocinar para los demás, hacer ropa, diseñar robots o probar formas de hacer que el trabajo se convierta en un hobby, una vocación. Nadie debería preocuparse de su manutención en una sociedad en la que desaparezca el abuso de unos sobre otros. La colectividad y la diversidad es la gran lucha. Es el gran objetivo. También, quizá, empezar a tratar a los que se distinguen por creerse superiores como a enfermos del miedo, la avaricia y el complejo.

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