Otra vez como todos los días, escuchando el
malestar de la gente, con lo que roban los políticos y con lo poco que
les queda a los que están abajo. En realidad ¿cuándo no ha sido así?
¿Por qué se preocupa más la gente ahora? En realidad no sabemos donde
están nuestros objetivos. No hemos apreciado nunca que nuestras
necesidades, nuestra organización; nuestra forma de vida en definitiva,
ha estado diseñada por los mismos que viendo como sus días acaban nos
están esquilmando ahora.
Pero ¿por qué nos dejamos empobrecer de esta
manera? En realidad somos pobres, pero sólo cuando estamos en su mundo.
Cuando sucumbimos a sus necesidades creadas, tanto anímicas, físicas o
emocionales.
Un día cogieron nuestra espiritualidad y nuestras
costumbres, y crearon las religiones. Se pusieron de intermediarios
entre Dios, la fuente, o lo que sea, y nosotros. Dejamos de estar
conectados con nuestro origen, para pasar a obedecer unas estúpidas
normas, a tener miedo, estar amenazados, y obedecer a ese intermediario
que rápidamente se volvió más importante que nosotros. En un momento
dado nos impuso como teníamos que vivir y sentirnos por dentro, malogró
la respuesta a nuestros problemas, a nuestra felicidad, y a nuestra
convivencia en nombre de espiritualidad.
Un día cogieron nuestra creatividad y nuestra
necesidad de compartir y crear juntos y crearon el mercado. Nos crearon
necesidades estúpidas, nos hicieron ver que la ecología era reciclar en
vez de reutilizar y preservar, reparar, cuidar. Nos hicieron cómplices
del maltrato a nuestros congéneres, de la avaricia y de la falta de
condescendencia. Rompieron el ritmo de la naturaleza, destrozaron
nuestra calidad de vida, nuestra salud y de nuevo en nombre de la
creatividad y nuestras necesidades.
Un día cogieron nuestra convivencia, nuestra
cultura, nuestra fraternidad. Y crearon la democracia. Nos envenenaron
de desconfianza, de violencia y de mala educación. Nos dividieron para
hacernos perder fuerza y amistad. Nos hicieron a todos extraños y nos
hicieron finalmente cómplices de la barbarie, del asesinato impune, del
desprecio a todos y a nosotros mismos por consecuencia. Por supuesto en
nombre de la democracia y la paz.
Fueron haciendo lo mismo con todas las áreas del
conocimiento y la vida humana, como la cultura, el amor, la vida, el
respeto, corrompiendo todos los términos, todos los conceptos.
Otra vez como todos los días, la gente me
demostraba que era consciente de lo que estaba pasando, de cómo nos
habían engañado, de cómo nos estaban manipulando, de como habíamos
llegado a consolidar este gran malestar.
Yo también me uno a ese malestar. Contagiado por
la gente. Envenenado del hastío de no salir del bucle. Me consuela saber
que todos tenemos ya claro que no es religión sino espiritualidad, que
no es mercado, sino colectividad, que no es división, sino
confraternidad, condescendencia e ilusión por todo lo que nos rodea.
Me consuela saber que el enfermo empieza a sanar cuando se realiza que está mal.
En consecuencia debo empezar a celebrar la liberación de nosotros mismos y el paso a otro tipo de vida.
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