martes, 5 de febrero de 2013

20120402 Otra vez como todos los días.

Otra vez como todos los días, escuchando el malestar de la gente, con lo que roban los políticos y con lo poco que les queda a los que están abajo. En realidad ¿cuándo no ha sido así? ¿Por qué se preocupa más la gente ahora? En realidad no sabemos donde están nuestros objetivos. No hemos apreciado nunca que nuestras necesidades, nuestra organización; nuestra forma de vida en definitiva, ha estado diseñada por los mismos que viendo como sus días acaban nos están esquilmando ahora.

Pero ¿por qué nos dejamos empobrecer de esta manera? En realidad somos pobres, pero sólo cuando estamos en su mundo. Cuando sucumbimos a sus necesidades creadas, tanto anímicas, físicas o emocionales.

Un día cogieron nuestra espiritualidad y nuestras costumbres, y crearon las religiones. Se pusieron de intermediarios entre Dios, la fuente, o lo que sea, y nosotros. Dejamos de estar conectados con nuestro origen, para pasar a obedecer unas estúpidas normas, a tener miedo, estar amenazados, y obedecer a ese intermediario que rápidamente se volvió más importante que nosotros. En un momento dado nos impuso como teníamos que vivir y sentirnos por dentro, malogró la respuesta a nuestros problemas, a nuestra felicidad, y a nuestra convivencia en nombre de espiritualidad.

Un día cogieron nuestra creatividad y nuestra necesidad de compartir y crear juntos y crearon el mercado. Nos crearon necesidades estúpidas, nos hicieron ver que la ecología era reciclar en vez de reutilizar y preservar, reparar, cuidar. Nos hicieron cómplices del maltrato a nuestros congéneres, de la avaricia y de la falta de condescendencia. Rompieron el ritmo de la naturaleza, destrozaron nuestra calidad de vida, nuestra salud y de nuevo en nombre de la creatividad y nuestras necesidades.

Un día cogieron nuestra convivencia, nuestra cultura, nuestra fraternidad. Y crearon la democracia. Nos envenenaron de desconfianza, de violencia y de mala educación. Nos dividieron para hacernos perder fuerza y amistad. Nos hicieron a todos extraños y nos hicieron finalmente cómplices de la barbarie, del asesinato impune, del desprecio a todos y a nosotros mismos por consecuencia. Por supuesto en nombre de la democracia y la paz.

Fueron haciendo lo mismo con todas las áreas del conocimiento y la vida humana, como la cultura, el amor, la vida, el respeto, corrompiendo todos los términos, todos los conceptos.

Otra vez como todos los días, la gente me demostraba que era consciente de lo que estaba pasando, de cómo nos habían engañado, de cómo nos estaban manipulando, de como habíamos llegado a consolidar este gran malestar.

Yo también me uno a ese malestar. Contagiado por la gente. Envenenado del hastío de no salir del bucle. Me consuela saber que todos tenemos ya claro que no es religión sino espiritualidad, que no es mercado, sino colectividad, que no es división, sino confraternidad, condescendencia e ilusión por todo lo que nos rodea.

Me consuela saber que el enfermo empieza a sanar cuando se realiza que está mal.

En consecuencia debo empezar a celebrar la liberación de nosotros mismos y el paso a otro tipo de vida.

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